Todos sabemos que los esquimales tienen 50 palabras diferentes para decir “nieve”. ¿O son 500? En todo caso, son muchísimas. Es uno de esos sencillos datos que revelan la asombrosa inventiva de los seres humanos. Mientras que nosotros vemos solo nieve, el esquimal percibe un mundo infinitamente diverso en texturas y posibilidades blancas. Maravilloso… 😱

Excepto que no es verdad. Si algún día llegas a hablar con un esquimal ordinario, te darás cuenta de que tiene más o menos la misma cantidad de palabras para designar la nieve que nosotros.

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Y eso no es todo: los esquimales Inuit no viven en iglús, ¡y tampoco se besan frotándose nariz con nariz! ¿Qué otros mitos hay en torno a los lugares remotos del planeta? Pero volvamos primero a los esquimales…

Los icónicos Iglús 

Es cierto que los esquimales inuit construyen refugios con bloques de hielo, como nos gusta imaginarnos, pero rara vez los habitan por periodos largos; es más, conocí ancianos que jamás habían oído hablar de ellos.

Como viven en las costas, buscan trozos de madera flotante en el mar, huesos de ballena, piedras y turba para construir sus campamentos; los iglús los reservan para las excursiones de caza y las migraciones.

El lobo feroz te va a comer

Este mito sin duda se remonta a nuestro pasado lejano, cuando el lobo era un archienemigo que atacaba al ganado y amenazaba nuestra existencia. Pero si revisamos la bibliografía científica, encontraremos sólo uno o dos registros de ataques a humanos comprobados, e incluso en esos casos no se sabe quién tuvo la culpa.

Al contrario, los lobos han aprendido a sobrevivir evitando el contacto con el hombre. De acuerdo con un investigador en Polonia que llevaba tres años estudiando a una manada de lobos y aún no los había avistado, los lobos europeos y de otras regiones sí atacan al ganado; los polacos les ponen una “armadura” a sus perros pastores para ayudarlos a combatir.

Sin embargo, el único lobo que se acerca realmente al hombre es el perro, el cual aprendió a ser manso y volverse útil hace miles de años.

Camellos enojones

Quizá porque habitan en un mundo tan exótico para nosotros, los camellos son fuente de muchos mitos: no escupen ni son portadores de sífilis (aunque sí regurgitan comida si los molestan), y sus jorobas contienen grasa, no agua. En cuanto a que son irascibles, es cierto que tienden a alterarse un poco, pero son muy afectuosos cuando uno se gana su confianza.

Su reputación tal vez provenga de los ejemplares que ven los turistas, cuando visitan, digamos, las pirámides de Egipto. Gruñen por su triste destino, se levantan despacio y caminan sin ganas por la arena.

Para los camellos, esos viajeros —que se untan bloqueador solar, usan sombrero y disparan constantemente sus cámaras— no son un paisaje grato. En el desierto, estos animales tienen que hacer todo lo que aumente su probabilidad de sobrevivir, así que prefieren la compañía de quienes viven con ellos.

Todos los demás son un desperdicio de valiosa energía.


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