La educación basada en competencias es la forma en que las universidades más vanguardistas preparan a sus estudiantes.

La emoción de pegar en el refrigerador el 10 que obtuvo un hijo en la última evaluación tiene los días contados. La tendencia en los últimos años de las grandes instituciones educativas de Estados Unidos y Europa comienza a apoderarse de las universidades mexicanas: ya no importan tanto las calificaciones, las competencias adquiridas sí.

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La educación basada en competencias (EBD), un concepto que surgió en los Estados Unidos hace más de 50 años ante la preocupación de que los estudiantes no estuvieran desarrollando las aptitudes necesarias para la vida fuera de las aulas, comienza poco a poco a tener más presencia en los programas educativos de las universidades mexicanas.

El cambio de paradigma se ha dado, principalmente, porque cada vez más empresas exigen competencias y no calificaciones. Ya no son relevantes las notas o el título universitario en un currículum, sino las skills adecuadas para que una persona cumpla con los requisitos de un cargo especializado.

“Es algo muy nuevo en América Latina”, explica Alejandro Sisniega, VP para Latinoamérica de Instructure, creador de Canvas LMS, un software de gestión de aprendizaje. “Las empresas en la actualidad, cuando suben una vacante, indican las competencias que necesitan de un empleado”.

¿Qué es una competencia?

Es la capacidad de desempeñarse correctamente en contextos complejos y auténticos. En el lenguaje actual de las empresas y las instituciones educativas, una competencia se define más fácilmente con la palabra skill.

La clave está en que la educación y la posterior evaluación se centran en demostrar que el estudiante domina esa competencia y que, a diferencia de la educación clásica, no memorizó conceptos o simplemente resumió meses de estudio en un ensayo. 

Las competencias pueden ser muy variadas, como datos, conocimientos específicos, destrezas, comportamientos, actitudes, valores y muchos más. Un alumno puede demostrar competencia en comunicación oral, redacción, pensamiento crítico, idiomas, procesos mecánicos, creatividad, etc.  

La educación basada en competencias tiene otra característica que la diferencia de la educación tradicional: el estudiante va a su propio ritmo.

Esta educación se enfoca en el dominio y el perfeccionamiento de una habilidad, por lo tanto, no es necesario estar en un aula ni ir al mismo ritmo que docenas de alumnos alrededor.

“A través plataformas como Canvas LMS, las universidades ofrecen programas especializados y pueden construir entornos de aprendizaje digitales que se adapten de forma individual a cada alumno. El tiempo dedicado y el ritmo de aprendizaje son variables y el contenido personalizado. A través de Instructure, en alianza con universidades de renombre, se ofrece la posibilidad de educar en competencias. Las empresas tienen acceso a los perfiles de esos estudiantes, lo que facilita su inclusión en el mundo laboral” concluye Sisniega. 

No se trata de cambiar por completo el sistema educativo. Aprobar las asignaturas y titularse seguirán requiriendo calificaciones, pero lo que se busca con este tipo de educación y evaluación es que los alumnos tengan una preparación más sólida y demostrable para que el mundo real fuera de las aulas no sea tan intimidante.


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