Es importante consumir los nutrientes adecuados para tener un cerebro que funcione a la perfección. Procura incluir estos en tu dieta diaria:

Almendras, cacahuates, semillas de girasol, nueces y linaza

Son una fuente de grasas sanas de la familia de los omegas. Además, contienen la proporción adecuada entre ácido lino­leico (omega 6) y ácido alfa linolénico (omega 3), que favorece la salud cardiovascular, previene la inflamación crónica, ayuda al desarrollo neurológico y cognitivo, y protege la visión.

Mejora tus capacidades cognitivas

Arándanos, granada y otras frutas de color rojo intenso o morado

Contienen antioxidantes que no sólo ayudan a pre­venir enfermedades infecciosas de todo tipo y a protegernos de los agentes radicales libres del ambiente. “Además, según científicos en nutrición de la Universidad Tufts, contribuyen a combatir el estrés oxidativo y, con ello, protegen las funciones cognitivas, favoreciendo la concentración, la memoria y otras habilidades”, comenta la nutrióloga Cecilia García Schinkel.

Cereales integrales:

 avena, trigo, arroz.

Frutas y verduras:

por lo menos dos o tres piezas diariamente. No olvides consumir verduras de hoja verde, como espina­cas, berros o acelgas, que son ricas en hierro y vitaminas del complejo B.

Grasas saludables:

aguacate, aceite de oliva.

Pescados de agua fría ricos en ADH:

salmón, atún, trucha o sardinas.

Proteínas animales:

huevo, carne, pollo.

blueberry

Líquido vital

El agua es esencial para las funciones básicas del cuerpo, así como para el trabajo y funcionamiento de tu cerebro. “Si tienes la mente confusa o sientes cierta irritabilidad, quizá tengas sed. La deshidratación puede hacernos sentir desganados y letárgicos y provocar problemas de concentración. Para hidratarte correc­tamente, consume 2 litros de agua y otras bebidas a lo largo del día y no esperes a tener sed para beber. La sed es un síntoma de deshidratación. Beber líquidos a lo largo del día hidrata mejor que consumirlos todos al mismo tiempo”, comenta la nutrióloga García Schinkel.

 

Por: Karina Rodríguez Chiw

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