¿Es bueno ser una persona perfeccionista? Guía para descifrarlo
Ser muy exigente contigo mismo tiene dos caras. Te contamos cuál es la diferencia entre un perfeccionismo que te hace volar y uno que te quema las alas. ¿En cuál te reconoces? ✨
¿Eres de los que revisa un trabajo 10 veces antes de entregarlo? ¿Sientes que si algo no queda impecable, es un fracaso? Ser una persona perfeccionista puede sentirse como un superpoder, pero también como una pesada carga. En el mundo universitario y laboral, donde la excelencia parece ser la moneda de cambio, entender los matices de esta característica es crucial para no quemarte en el intento.
No todo el perfeccionismo es igual. Existe un tipo saludable, que impulsa, y otro tóxico, que paraliza. Esta guía te ayudará a identificar en qué lado del espectro te encuentras y cómo gestionarlo para tu beneficio.
Los dos lados de la moneda: ¿Perfeccionismo sano o insano?
La experta en liderazgo consciente, Nora Taboada, explica que la clave está en diferenciar entre el perfeccionismo adaptativo y el desadaptativo (o neurótico). Uno te lleva a la excelencia con bienestar; el otro, a la ansiedad y el agotamiento mental.
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Perfeccionismo adaptativo: El motor con equilibrio
Este es el lado bueno de la autoexigencia. Una persona perfeccionista con un enfoque adaptativo presenta estas características:
- Satisfacción y celebración: Reconocen y celebran sus avances, por pequeños que sean.
- El fracaso como aprendizaje: Ven los errores como oportunidades, no como catástrofes. Practican la autocompasión.
- Disfrutan el proceso: No viven solo para el resultado final; valoran el camino y el aprendizaje.
- Mente abierta: Aceptan críticas constructivas y están dispuestos a ajustar sus estrategias.
Perfeccionismo desadaptativo: La trampa de la autoexigencia
Aquí es donde el rasgo se vuelve dañino. Se vincula con la ansiedad por el rendimiento y el síndrome del impostor. Sus señales son:
- Estándares imposibles: Se fijan metas tan altas que son inalcanzables, lo que genera frustración constante.
- Miedo paralizante al error: La procrastinación por perfeccionismo es común: prefieren no empezar antes que arriesgarse a fallar.
- Visión en blanco y negro: Las cosas son perfectas o son un desastre total; no hay puntos intermedios.
- Autocrítica destructiva: Son sus peores jueces, y un fallo puede afectar profundamente su autoestima.
- Rigidez mental: Les cuesta adaptarse a cambios o retroalimentación, estando frecuentemente a la defensiva.
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¿Cómo gestionar el lado oscuro del perfeccionismo?
Si te identificaste más con el perfeccionismo neurótico, no te preocupes. Se puede redirigir. La clave está en la gestión de la autoexigencia y el cuidado de la salud mental.
- Establece estándares realistas: Pregúntate: “¿Es esto ‘suficientemente bueno’ para cumplir el objetivo?”.
- Practica la “imperfección deliberada”: Entrégate un trabajo sin revisarlo por décima vez. Verás que el mundo no se acaba.
- Separa tu valor de tus resultados: Tu valía como persona no depende de un proyecto impecable.
- Celebra el esfuerzo, no solo el resultado: Reconoce el tiempo y la dedicación que invertiste, independientemente del resultado final.
- Busca apoyo: Hablar de tus presiones internas con amigos, familia o un profesional puede liberar mucha carga.
En conclusión: ¿Es bueno ser una persona perfeccionista? Depende totalmente del tipo que cultives. Aspirar a hacer las cosas bien es una virtud; esclavizarte a un ideal imposible no. El equilibrio está en usar esa meticulosidad como un motor, no como un ancla.
Aprender a ser resiliente ante el error y cultivar una mentalidad de crecimiento son tus mejores herramientas para convertir esta característica en una aliada, no en una enemiga, en tu vida universitaria y profesional.