La Universidad Nacional Autónoma de México cuenta con un gran equipo de supercómputo, el cual empezó con la computadora Cray ya un par de décadas. Hoy la supercomputadora Miztli ofrece un poder de cómputo sorprendente.

El supercómputo en la UNAM comenzó en 1991, cuando fue puesto en operación el equipo CRAY Y/MP. Desde entonces, se han instalado supercomputadoras de diferentes tipos, cuyas características son un reflejo de los cambios en las tecnologías de cómputo y telecomunicaciones que han acontecido desde entonces.

Miztli, la supercomputadora de la UNAM

La UNAM ha actualizado Miztli, y ahora cuenta con 228 Teraflops de rendimiento teórico, lo que es equivalente a 86,365 computadoras personales de última generación. La UNAM realiza unos 120 proyectos anualmente con esta máquina, tanto para uso local como en apoyo de otras instituciones. Si Miztli tenía 5,312 procesadores, en la actualización se hizo de 8,344, con casi 45 Terabytes de memoria.

En esta segunda ampliación de Miztli (la primera se llevó a cabo en 2015), se sumaron 58 nuevos servidores que aportan mil 856 procesadores, y un rendimiento teórico adicional de 62 teraflops (billones de operaciones por segundo), lo que equivale al trabajo de 23 mil 485 computadoras personales de última generación de manera simultánea, informó Fabián Romo Zamudio, director de Sistemas y Servicios Institucionales de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC).

Miztli, la supercomputadora de la UNAM

Este tipo de máquinas se usa para sistemas de enorme complejidad, como para análisis del clima o la posible predicción de sismos. Su amplísima capacidad y velocidad permiten poder lidiar con estos problemas que a la fecha no están resueltos y que, gracias a estos equipos, las posibilidades de hallar mejores soluciones se incrementan.

Miztli es un ejemplo de que en México ya contamos con tecnología de punta y que además, se invierte en estos desarrollos tecnológicos que baratos no son, pero que sin duda obligan a las universidades y al mundo académico para así poder competir en el mundo de la ciencia y la tecnología y no sólo hacer investigación periférica.

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