Gracias la misión Apolo 11, y otros viajes a la Luna, ahora sabemos cuál es la composición de su suelo y que también tiene pequeños temblores. Pero también se abrió una caja llena de enigmas que rodean a la Luna.

La última vez que un astronauta de la NASA pudo sentir y oler el polvo lunar fue en 1972. A casi 50 años, la agencia estadounidense alista su misión Artemisa, que enviará una nave tripulada a la Luna en 2024 para fijar una base orbital. Para lograrlo, la ciencia tendrá que hacer su trabajo: ir en busca de los secretos que albergue el satélite.

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La cadena informativa BBC Mundo consultó al geólogo Jesús Martínez Frías sobre las claves que oculta la Luna sobre el proceso evolutivo del Sistema Solar y sus habitantes.

“La Luna guarda las posibles respuestas porque los elementos más prístinos, más primigenios”. Investigar al satélite, asegura, podría dar luces incluso de la evolución humana.

Hasta ahora se maneja la hipótesis de que se formó a partir del impacto monumental de un objeto del tamaño de Marte contra la Tierra.

El resultado fue que parte del planeta Tierra se desgarró. “Como la Luna no tiene actividad geológica, conserva esas claves químicas y mineralógicas a partir de las cuales se formó la Tierra y también nosotros, como materia autoorganizada después de 4,000 millones de años de evolución”, dice Martínez Frías.

Otro de los misterios, según Adriana Ocampo, geóloga planetaria de la NASA, es establecer por qué existe agua con mayor cantidad en el Polo Sur de la Luna. Para Ocampo, la razón sería porque “el Sol nunca llega ahí porque el eje de la Luna es casi perpendicular”, explicó. Además, la científica señaló que también existiría agua en la Luna, atrapada en las rocas.

Para la geel tercer tipo de agua que se esbo o extravqeóloga también sería necesario comprobar cuál es el tercer tipo de agua que se estaría formando en el satélite a causa de la interacción de la Luna con el viento solar. Al ser un satélite natural, la Luna causa un vaivén en los océanos de la Tierra. Para la ciencia, el movimiento es esencial porque permite la circulación de minerales y nutrientes.

¿Dónde se encuentran las cuevas de la Luna?, se pregunta Ocampo. La NASA estableció que existen y que por sus canales circuló lava, pero no pudieron establecer su ubicación. La importancia de saber en dónde están, explica la científica, es que eventualmente podrían convertirse en hábitats para el ser humano o para guardar equipos y materiales.

Determinar el espacio geográfico de las cuevas también podría ayudar a los científicos a descifrar por qué el corazón de la Luna era una especie de dínamo. Se conoce que la Luna pasó por una etapa volcánica pero es un misterio el por qué de tener un núcleo activo pasó a tener uno ‘durmiente’, que desactivó su campo magnético.

Conocer la historia de la Luna, es también reconocer la de la Tierra. Es como un especie de fósil gigantesco que funciona como un puente: puede conectarte hacia el pasado y futuro.

 

Fuente: El Comercio


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