Sin duda, el camino más efectivo para fortalecer la salud de tu cerebro, mejorar sus capacidades y prevenir el deterioro intelectual o enfermedades asociadas con el paso de los años es desarrollar un estilo de vida saludable. Para lograrlo, te ofrecemos algunos consejos.

Evita consumir alimentos y bebidas ricos en:

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Azúcar
Jarabes, refrescos, dulces, café o té endulzados con azúcar, bebidas alcohólicas preparadas con refrescos o jugos, jugos industrializados.

Cafeína
Bebidas energizantes, café, té y refrescos de cola. “La cafeína y otros estimulantes consumidos en exceso son dañinos para tus capacidades cognitivas”, señala la nutrióloga Cecilia García Schinkel.

Glutamato monosódico
Alimentos enlatados y congelados, comida rápida.

Grasas saturadas y trans
Golosinas, alimentos fritos, capea­dos o empanizados; comida rápida.

 

En la práctica:

Realiza actividad física por lo menos tres veces por semana.

Empieza el día con un desayuno balanceado para obtener la energía necesaria para realizar las actividades diarias. Es la comida más importante del día.

Sigue una dieta saludable y equilibrada. De nada sirve que a media mañana consumas alimentos que beneficien a tu cerebro, como las nueces, pero el resto del día te atiborres de refrescos o comida chatarra. Tu alimentación debe ser variada, con bajo contenido de grasas saturadas y trans, con abundantes alimentos ricos en omega 3 y 6, así como frutas y verduras.

Consume de dos a dos y medio litros de agua al día.

Disminuye el consumo de sal y de productos procesados que la contengan. Aléjate de los alimentos enlatados porque tienen conservadores que pueden acelerar procesos inflama­torios en el cerebro asociados con alteraciones en el estado de ánimo como la depresión y padecimientos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer.

Haz cuatro o cinco comidas al día: tres comidas principales y dos colaciones, de preferencia. Comer seguido te da energía y te mantiene alerta. “Un cuerpo que se alimenta con una dieta fraccionada suele tener un metabolismo más rápido y mantener un peso corporal saludable”, explica la nutrióloga García Schinkel.

Evita el consumo de azúcares sencillos como dulces, que te proporcionan un alza en la energía, seguida casi de inmediato por un decaimiento físico y mental.

Suspende el consumo de alcohol y tabaco, sobre todo si no has cumplido los 18 años. “Tu cerebro y sistema nervioso aún están en desarrollo y son especialmente sensibles al alcohol, tabaco y drogas, que matan cantidades impresionantes de neuronas y disminuyen tu capacidad cognitiva, de memoria, concentración y retención de conocimiento”, detalla la experta.

No tomes más de dos tazas de café o té negro al día. La cafeína en exceso afecta tus capacidades cognitivas.

Evita comer demasiado o muy poco, ya que esto puede inter­ferir en tu enfoque mental. Una comida demasiado abundante te dará una sensación de pesadez y adormilamiento, mientras que la falta de alimento te distraerá mentalmente.

Por lo menos una vez al año practícate estudios de labo­ratorio de control que incluyan un perfil de lípidos y niveles de glucosa en la sangre.

Acude con regularidad al médico para revisión general y detección temprana de factores de riesgo de enfermedades.

Visita a un nutriólogo si deseas asesoría en cuanto a tu alimentación. Recuerda, eres lo que comes.

Relájate o descansa durante 20 minutos después de la comida.

Antes de dormir, respira profundamente para despejar los pensamientos y suavizar los músculos. Trata de acostarte siempre a la misma hora y procura dormir de 6 a 8 horas diarias para que descanses lo suficiente.

Evita llenarte de actividades durante el día que te abrumen física y emocionalmente.

Analiza tus relaciones afectivas y emocionales. Si son con­flictivas, también pueden afectar el funcionamiento de las capacidades de tu cerebro y llevarte a la depresión.

Aprende a manejar el estrés, ya que afecta la salud del cuerpo y del cerebro. El estrés puede dañar procesos cognitivos como el aprendizaje y la memoria, en especial el estrés crónico.

Ríe y diviértete. El humor estimula la generación de dopa­mina, una hormona y neurotransmisor que nos hace sentir bien. La risa nos ayuda a tener otra visión de nuestras preo­cupaciones, con lo cual evitamos que nuestra mente se ancle.

Practica meditación. Te ayuda a relajarte y a aclarar la mente.

 

Por: Karina Rodríguez Chiw


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