Te sorprendería saber que existen cosas tan comunes que al momento de inventarse significaron toda una revolución. Por ello, te presentamos algunos de esos inventos extraordinarios creados por gente ordinaria. Quizá tú podrías ser el próximo en descubrir algo genial.

La paleta de hielo… por un niño de 11 años

Que Frank Epperson haya inventado esta golosina —llamada Popsicle en Estados Unidos— a tan corta edad no es lo más sorprendente, sino que lo haya hecho antes de que la gente tuviera congeladores en su hogar.

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En esa época a los niños les encantaba el “polvo de soda con agua”, una mezcla saborizada parecida al Kool-Aid. Una noche de 1905, Frank sin querer dejó su bebida en el porche de su casa, y al día siguiente la encontró congelada. Al lamerla, descubrió que era ¡absolutamente deliciosa!

Chico astuto, Frank mantuvo 18 años en secreto su invento. Luego, en 1923, decidió patentar sus Epsicles (“carámbanos de Epp”), pero a sus hijos no les gustó ese nombre para las paletas; empezaron a llamarlas “Popsicles”, y Frank las patentó así.

El hecho de que la paleta original contuviera polvo de soda casero fue una feliz coincidencia.

El Super Soaker… por un geek de la NASA

Uno supone que los empleados de la NASA se ocupan todo el tiempo de asuntos de ciencia muy complejos, como el ingeniero Lonnie Johnson, quien ayudó a construir la sonda Mars Observer en el Laboratorio de Propulsión a Chorro, en Pasadena, California.

Sin embargo, el trabajo más importante de su vida fue crear un rifle de agua. En 1982, a Johnson se le ocurrió hacer una nueva bomba de calor que, en vez de gas freón, funcionara solo con agua.

Cuando encendió la bomba, el agua salió disparada, y la idea de la transferencia térmica de pronto le pareció mucho menos interesante que lanzarle a alguien en la cara un chorro de H2O.

Así que convirtió su invento en el Super Soaker. ¿El resultado? Casi 1,000 millones de dólares en ventas del juguete.

Johnson ha invertido bien sus ganancias: su empresa de investigación ideó nuevos métodos para transformar el calor en electricidad, y maneras más eficientes de almacenar energía en baterías.

El chaleco antibalas… por un repartidor de pizzas

Aclarémoslo: este hombre, Richard Davis, era también un infante de marina. Pero la inspiración para diseñar el chaleco de Kevlar no provino de sus años en servicio, sino de una actividad aparentemente inofensiva: entregar comida italiana en Detroit.

El 15 de julio de 1969, mientras iba a entregar una pizza, tres sujetos armados lo asaltaron en un callejón oscuro. Le dieron dos balazos, pero escapó con vida. La experiencia fue traumática, así que empezó a buscar una manera de protegerse.

No tardó en fabricar el primer chaleco hecho totalmente de Kevlar, un material mucho más fuerte que el nailon de uso militar. Para probarlo, puso un directorio telefónico detrás del prototipo y disparó contra él.

El directorio salió intacto. Pero como nadie parecía muy interesado en su invento, Davis concibió una presentación más dramática. Cuando se reunió con los posibles compradores, se puso el chaleco, se apuntó al pecho con una pistola y apretó el gatillo. Eso, amigos míos, es tener madera de vendedor.


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