Conoce la increíble historia de la vida de la primera mujer profesionista de México

Conoce la increíble historia de la vida de la primera mujer profesionista de México

Conoce la historia de la primera mujer profesionista de México: Margarita Chorné. Una dentista que en 1886 le plantó cara al Porfiriato y cambió el país para siempre.

 ·  mayo 15, 2026
Conoce la increíble historia de la vida de la primera mujer profesionista de México

Imagina México en 1886. Porfirio Díaz en el poder, las mujeres condenadas al chocolate, el encaje de bolillo y las tertulias soporíferas. Estudiar una carrera era un sueño ridículo. Hasta que alguien dijo “ahora sí, van a temblar”. Esa alguien fue Margarita Chorné y Salazar, la primera mujer profesionista de México… y su título no era de maestra de primaria, sino de Cirujana Dentista.

La historia oficial suele coronar a Matilde Montoya como la médica pionera (y con razón, ella también fue una guerrera), pero antes que ella, ya había una mujer firmando un título universitario. La primera mujer profesionista de México le abrió la puerta a todas las demás, con un espejo dorado, instrumental de oro y una rebeldía que no cabía en su vestido de época.

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El dato que no te enseñaron en la prepa

Si creías que la primera profesionista fue médica, estabas equivocado. La primera egresada de una carrera universitaria en México fue:

NombreTítuloAñoUniversidad
Margarita Chorné y SalazarCirujana Dentista1886Universidad Nacional (hoy UNAM)

Matilde Montoya recibió su título de médica en 1887. Un año después. Pero la historia se enfoca en Matilde porque su lucha fue más pública y violenta. Margarita hizo lo suyo en silencio, con elegancia y una determinación de acero.


¿Qué estudió y por qué rompió esquemas?

La primera mujer profesionista de México no estudió “algo suave” para mujeres. Estudió dientes, muelas, abscesos y cirugía bucal. En una época donde se creía que el cerebro femenino no daba para tanto.

  • Lo ingenioso: Aprendió francés y inglés a escondidas para leer libros de medicina prohibidos para “señoritas”.
  • El detalle clave: Su padre era dentista, y ella pasaba más tiempo en su consultorio que en la cocina. Su madre, Doña Paz, desistió de enseñarle a cocinar. “Eso no es para mí”, debió decir mientras tomaba un libro de anatomía.
  • El examen: Para recibir su título, tuvo que ser avalada por el doctor Ignacio Chacón. El jurado, todo de hombres, la trató con una rigidez exagerada. ¿El resultado? Salió ovacionada y la prensa de la época (El Tiempo, La Prensa) no paró de escribir sobre ella.

Frase clave: Margarita no solo buscó un papel. Buscaba demostrar que “la mujer está dotada con la misma capacidad de aprendizaje que los varones”. Y lo logró.


¿Por qué su historia cambió al país?

Porque la primera mujer profesionista de México no se conformó con ser la única. Hizo más cosas que, hoy, la volverían tendencia en TikTok.

  • Emprendedora sin miedo: Puso su propio consultorio, atendía gratis a personas pobres una o dos horas al día y mandó a dorar todo su instrumental para una mejor asepsia (y con estilo).
  • Rompió también el molde amoroso: Se casó con Antonio Dromundo, un zapatista (mientras su familia era porfirista). Cuando él le fue infiel, lo divorció. En el México de 1900, eso era más escandaloso que ser dentista.
  • Reconocimiento internacional: La embajada de Francia le dio un premio por ser la primera mujer profesionista de México… y de toda Latinoamérica.

Dato curioso: Medía casi 1.80 metros. Entraba a los salones, miraba a los machos de la época de arriba abajo y les hablaba con voz templada. Imposición total.


Lo que puedes aprender de ella hoy

Si estás en la universidad y a veces sientes que tu carrera es difícil, recuerda a Margarita. Ella no tuvo “tips para estudiar” en YouTube. Tuvo que:

  1. Pelear con su familia para estudiar la secundaria (Las Vizcaínas, una escuela laica, algo mal visto).
  2. Aprender odontología viendo y ayudando a su papá.
  3. Soportar un jurado que quería verla fracasar.
  4. Criar sola a su hijo después del divorcio.
  5. Ejercer hasta los 60 años.

El legado: Sin ella, no existiría Matilde Montoya, ni las primeras ingenieras, ni las abogadas. Cada mujer que hoy tiene un título universitario en México debe una parte de su presente a la primera mujer profesionista de México.