La sociedad siguió con gran interés la transmisión televisiva de Neil Armstrong descendiendo al satélite, pero con el recuerdo fresco de la matanza de Tlatelolco.

La llegada del humano a la luna se vivió en México con fascinación, como un logro de Estados Unidos en la Guerra Fría que protagonizaba con la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), pero con el recuerdo latente de la brutal represión del gobierno contra el Movimiento Estudiantil de 1968 puntualizó Jaime Grabinsky Steider, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

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Durante la charla “¿Cómo se vivió en México el primer alunizaje?” en el marco de las jornadas conmemorativas del 50 aniversario de ese hecho histórico, señaló que el 20 de julio de 1969 el mundo siguió por televisión las imágenes de Neil Armstrong descendiendo a la superficie lunar y fue sorprendente constatar que la misión Apolo 11 alcanzaba el objetivo planteado por el presidente John F. Kennedy en la confrontación con la URSS.

Sin embargo, para el investigador del Departamento de Ciencias Básicas de la Unidad Azcapotzalco de la UAM, en México el hito representó un triunfo agridulce debido a que persistía el sentimiento de enojo e impotencia por la represión ejercida por el gobierno el año anterior y que mantenía a profesores y jóvenes encarcelados.

“Ese año seguimos con interés ese acontecimiento espacial como si estuviéramos escuchando la novena sinfonía de Beethoven, particularmente la parte coral del Himno a La Alegría del poeta alemán Friedrich Schiller”.

El profesor evocó que en esos años se vivía una revolución en la lingüística matemática y la llegada del ser humano a la luna fue la constatación de la tesis de que la especie era fuerte y hábil no por su fuerza, sino por la capacidad de comunicarse y entenderse.

En el plano social “se vivía el verano del amor, le revolución sexual, los hippies y los muy populares movimientos por los derechos civiles de las minorías afroamericanas, de los trabajadores del campo –principalmente mexicanos–, de las mujeres y los incipientes por el medio ambiente, pero en el país también creció la infraestructura carretera, se construyeron nuevas presas, importantes aeropuertos, el Centro Médico, escuelas, universidades y el Metro de la Ciudad de México estaba por iniciar labores”.

Óscar Alejandro Terrazas Revilla, investigador del Departamento de Evaluación del Diseño en el Tiempo de la Unidad Azcapotzalco, dijo que a finales de la década de los sesenta los estudiantes eran acusados de comunistas y de estar pagados por la ex Unión Soviética.

La transmisión del alunizaje reunió a la familia y para todos resultó sorprendente que las imágenes de la televisión del arribo a nuestro satélite natural no fallaron, lo que era común en las trasmisiones de futbol del Estadio Azteca o desde Ciudad Universitaria”.

Para el doctor Héctor López Miranda, docente del Departamento de Administración de esa sede académica, que en ese momento tenía 8 años de edad, fue fantástico presenciar el descenso del astronauta a la luna la noche del 20 de julio de 1969, hecho que está convencido no fue un montaje como se ha rumorado, sino un acontecimiento inolvidable, cuya importancia radica en que de la denominada carrera espacial tuvimos avances tecnológicos importantes en terrenos como las matemáticas y la ingeniería.

El doctor Isaac Schnadower Barán, investigador del Departamento de Electrónica, con 29 años en aquella fecha, pudo ver “el programa del suceso del siglo” en un televisor Philips blanco y negro.

“El proyecto que se diseñó para llegar a la luna fue de gran importancia; la administración y logística fueron perfectas en todos los sentidos y se usó la mejor tecnología disponible en ese momento” concluyó.


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