El 16 de octubre es considerado Día Mundial del Anestesiólogo gracias a que un día como ese pero de 1846, William Thomas Green Morton, dentista estadounidense, demostró públicamente uno de los efectos del éter: la reducción el dolor durante una cirugía.

La American Society of Anesthesiologists define anestesiología como: “la práctica de la medicina dedicada al alivio del dolor y al cuidado completo e integral del paciente quirúrgico, antes, durante y después de la cirugía”.

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Pero, ¿por qué existe la anestesiología?

Actualmente, no parece posible imaginar que una cirugía -de cualquier tipo- se pueda realizar sin la aplicación de anestesia. Sin embargo, el doctor Morton lo logró, dando lugar a la “cirugía sin dolor” y revolucionando la medicina.

La historia cuenta que este dentista utilizó el éter para dárselo a aspirar a un paciente, Eben H. Frost, ya que debía removerle una muela y el pavor de éste al dolor era tal que le pidió le hiciera la cirugía bajo hipnosis.

Más tarde, la noticia de que la cirugía había sido todo un éxito -y sin dolor- trascendió por toda la ciudad de Boston. Por esta razón se le pidió a Morton hacer una demostración pública.

Así, en colaboración con el Hospital General de Massachustts, el 16 de octubre de 1846, William Morton aplicó éter sulfúrico para anestesiar a Gilber Abbot, un joven de 17 años a quien le extirparían un tumor cervical.
El paciente despertó de dicha cirugía asegurando no haber sentido dolor alguno.

¿Y antes del “letheon” o éter?

El surgimiento de una nueva especialidad médica, actualmente la Anestesiología, podría tener sus orígenes “formales” en el éxito de dicha operación quirúrgica.

Antes del uso anestésico del éter, se recurría a técnicas de inducción de desmayo por compresión de cervicales, ingestión de bebidas alcohólicas, hierbas o resinas como el opio.

Sin duda, qué bueno es vivir en una época, en la que se puede trasplantar un corazón de un pecho a otro, sin que los pacientes tengan conciencia de ello y sin sensación de dolor. Esto, sin la anestesia y el anestesiólogo, ¡sería imposible!


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