El Examen de admisión en el Estadio Azteca es una de esas historias que hoy suenan increíbles, pero que marcaron a generaciones de estudiantes. Entre 1969 y 1987, la UNAM transformó el mítico recinto deportivo en un gigantesco salón de exámenes, donde más de 90 mil aspirantes a licenciatura, CCH o ENP se enfrentaban al reto de ingresar a la máxima casa de estudios.
¿Cómo funcionaba este peculiar método? ¿Qué sentían los jóvenes al presentar su examen rodeados de gradas? Aquí te contamos todos los detalles de este épico ritual universitario.
El Estadio Azteca, conocido por albergar partidos de futbol históricos, tuvo un uso poco convencional: ser el escenario del examen de admisión de la UNAM. Cada año, miles de jóvenes llegaban con su lápiz, borrador y sobre todo, ¡muchos nervios!
Los organizadores asignaban a cada aspirante un lugar en las gradas, donde recibían una tabla de madera para apoyar su hoja de respuestas. El ambiente debió ser una mezcla de tensión y emoción, con el imponente escenario del coloso como testigo.
Antes de entrar, los estudiantes recibían un boleto con su ubicación exacta. No había lugar para confusiones: el orden era clave para evitar copias o descontrol.
A diferencia de hoy, donde los resultados del examen de admisión se consultan en línea, en aquella época… ¡llegaban por correo postal! Los aspirantes debían esperar hasta cuatro semanas para saber si habían quedado.
Imagina la ansiedad de revisar el buzón cada día, esperando esa carta que definiría su futuro académico.
La UNAM necesitaba un espacio con capacidad para albergar a miles de estudiantes de manera simultánea. El Estadio Azteca, con su aforo de más de 100 mil personas, era la opción perfecta.
Además, el formato permitía:
Con los avances tecnológicos, hoy el proceso es muy diferente: exámenes en línea, resultados inmediatos y sedes más pequeñas. Sin embargo, el Examen de admisión en el Estadio Azteca sigue siendo un símbolo de una época donde ingresar a la UNAM era toda una hazaña colectiva.
Sine embargo, a pesar de que al finalizar la década del 80 se dejó de usar el Estadio Azteca para aplicar los exámenes de admisión a la UNAM, la pandemia, la de Covid-19, volvería a hacer que cientos de aspirantes regresaran al Coloso de Santa Úrsula a presentar una prueba de admisión.
El Examen de admisión en el Estadio Azteca no fue solo una prueba académica, sino un rito de paso que unió a generaciones bajo un mismo propósito: el sueño de estudiar en la UNAM. Hoy, esta historia sigue inspirando a quienes ven en la educación una meta que vale la pena alcanzar… ¡aunque sea en medio de un estadio!
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