El pasado Super Bowl dejó claro una cosa: Bad Bunny no fue solo a cantar. El artista boricua, en un movimiento maestro, transformó los 13 minutos del codiciado show de medio tiempo en una poderosa cápsula de cultura, orgullo y protesta suave. Mientras millones coreaban “Tití Me Preguntó”, Benito Antonio Martínez Ocasio tejía un discurso visual y lírico cargado de significado. Los mensajes de Bad Bunny en el Super Bowl fueron un viaje desde las plantaciones de caña de azúcar hasta el corazón de la gentrificación, pasando por una lección de geografía y un himno al amor propio. Esta es nuestra disección de los 5 mensajes contundentes (y un plus esencial) que definieron una presentación histórica.
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El show inició con una declaración de principios. “Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio… y estoy aquí porque nunca dejé de creer en mí”, dijo, dirigiendo su mensaje a todo aquel que duda. Fue un recordatorio potente de sus orígenes como empacador de supermercado, coronando una narrativa de éxito puramente latina y autogestionada. Este mensaje en el Super Bowl resonó como un llamado universal a la autoconfianza.
Frente a la típica pirotecnia del halftime, Bad Bunny optó por la autenticidad. Su escenografía fue un homenaje a la vida diaria puertorriqueña y prácticamente de toda Latinoamérica que también vive en EE.UU.:
Junto a Ricky Martin, el fragmento de “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” fue un puñetazo lírico. Versos como “quieren quitarme el río y también la playa” denunciaron abiertamente la gentrificación que sufre la isla. Luego, al interpretar “El apagón” subido a un poste de luz, criticó visceralmente la crisis energética post-huracán María.
El número 64 en su sudadera no fue casual: una alusión velada a las primeras víctimas reportadas oficialmente, transformando su atuendo en una declaración política silenciosa.
Uno de los mensajes más comentados del Super Bowl fue su corrección geopolítica. Tras un “God bless America”, aclaró: se refería a todo el continente. Enumeró países de sur a norte en un desfile de banderas, culminando con la pelota que decía “Together, We Are America”. Fue un reclamo lingüístico y cultural: América no es sinónimo de EE.UU.
Su show fue íntegramente en español, un acto de desafío en un contexto donde el inglés busca imponerse como idioma oficial. Este mensaje durante el Super Bowl -o Super Tazón- fue claro: no hay necesidad de adaptarse para ser válido. La cultura latina, en su idioma, ya es mainstream. Fue una victoria cultural sin concesiones.
Tras la fiesta, la reflexión. Al cerrar, proyectó: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. En un clima político-social polarizado, este cierre elevó su presentación de espectáculo a filosofía. Un recordatorio urgente y necesario.
Los mensajes de Bad Bunny en el Super Bowl demostraron que el escenario más comercial del mundo puede ser también una plataforma para la conciencia. Su legado no será solo el perreo, sino haber usado la visibilidad global para hablar de casa, de historia y de resistencia, sin perder un ápice de ritmo. Una lección de cómo hacer que la cultura no solo se baile, sino que se sienta y se piense.
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