Pues resulta que el mundo del arte mexicano está más movido que una telenovela de las buenas. El chisme del momento tiene nombre propio: colección Gelman Santander. Un montón de obras increíbles que llevan años dando de qué hablar, pero ahora la cosa explotó. ¿Por qué? Porque después de una exhibición en el Museo de Arte Moderno (MAM), la colección Gelman Santander planea viajar a Europa.
Y ahí empezó el drama: artistas, abogados, políticos y hasta el nieto de Cantinflas están metidos en el pleito. La pregunta clave es: ¿deberían quedarse en México o no?
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La colección Gelman Santander la armaron Jacques y Natasha Gelman desde los años 40. Son puras joyas del arte moderno mexicano: Frida, Diego Rivera, Siqueiros, Orozco, Tamayo… puro monstruo sagrado. Pero después de la muerte de Natasha, la colección desapareció del mapa por años.
Resulta que hubo broncas legales con el albacea, un tal Robert Littman, y luego apareció un empresario regiomontano que la compró. Después, el Banco Santander entró al quite para gestionarla. Y ahora, cuando todos creían que ya estaba segura en el MAM, resulta que en junio de 2026 se va a España. ¿Temporal? Eso dicen, pero nadie suelta los detalles.
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Más de 200 especialistas ya alzaron la voz. Dicen que hay opacidad total sobre el acuerdo. Además, 27 obras de la colección tienen el título de Monumento Artístico, o sea, patrimonio protegido por ley. ¿Cómo es que pueden sacarlas del país sin explicar bien los términos? La presidenta Sheinbaum defiende el préstamo, pero la comunidad artística tiene dudas. El temor es que ese “préstamo temporal” se vuelva eterno, a pesar de que por ley deben regresar al país al menos cada dos años.
Aquí te van las piezas más chidas de la colección Gelman Santander que no pueden volar a Europa. Cada una es un pedazo de nuestra identidad:
No es solo perder las obras. Es perder la oportunidad de que las nuevas generaciones las vean en su país. La colección Gelman Santander debería ser un orgullo permanente, no un souvenir que se presta sin garantías. Por eso el grito de “que se queden” no es solo de curadores aburridos, sino de cualquiera que sienta que el arte mexicano no se negocia.
Al final, la exposición en el MAM termina el 17 de mayo. Si no la has visto, date una vuelta. Porque después… quién sabe cuándo volverán.
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