Imagina despertarte un día y descubrir que, oficialmente, han pasado diez días desde que te acostaste. Suena a ciencia ficción, pero en octubre 1852, algo muy parecido ocurrió en varios países. Este ajuste temporal no fue un capricho, sino una corrección necesaria para sincronizar el calendario civil con los ciclos astronómicos. ¿Cómo sucedió? ¿Por qué fue tan radical? Aquí te lo contamos.
El calendario juliano, instaurado por Julio César en el 46 a.C., tenía un pequeño error: calculaba el año en 365 días y 6 horas, pero en realidad dura 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos. Esa diferencia de 11 minutos y 15 segundos anuales parecía insignificante, pero tras más de 1600 años, el desfase acumulado era de casi 10 días.
Aunque el Papa Gregorio XIII corrigió el calendario en 1582 (eliminando 10 días en octubre), muchos países tardaron siglos en adoptarlo. Para 1852, naciones como Inglaterra y sus colonias aún usaban el calendario juliano. Cuando finalmente hicieron el cambio, tuvieron que “saltar” 11 días (no 10, porque el desfase había aumentado). Así, en algunos lugares, el 2 de septiembre de 1852 fue seguido por el 14 de septiembre.
Aunque hoy usamos el calendario gregoriano, este tampoco es perfecto: acumula 1 día de error cada 3300 años. Pero, a diferencia de 1852, ya no harán falta saltos tan drásticos.
Octubre 1852 fue testigo de uno de los ajustes temporales más radicales de la historia. Un recordatorio de que, a veces, incluso el tiempo necesita una corrección. ¿Te imaginas vivir en esa época? ¡Comparte tu opinión!
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