No hay receta secreta cuando se trata de relaciones humanas, pero de la mano de dos psicólogas expertas en conflictos y respuestas humanas van estos tips para mantener en condiciones saludables y duraderas, tu relación con tus roommates.

roomites

Hacer un convenio de convivencia

Se puede hacer un contrato interno o contrato de convivencia, entre las personas que van a compartir habitación o casa, donde se especifiquen los temas económicos, horarios, visitas, quehaceres domésticos, etc. Habría que firmarlo, incluso con testigos para hacerlo más formal. Lo mejor es que sea de lapsos cortos, y puede ser una buena idea renovarlo cada seis u ocho meses, porque no se sabe qué sorpresas te puede dar la otra persona.

Detallar las reglas

Sentarse a hablar de los temas importantes. Por ejemplo, si se van a aceptar visitas y en qué horario, si pueden pasar la noche, si pueden ser familiares, novios, etc. Se puede acordar ver cómo funciona el acuerdo en la práctica, por ejemplo los quehaceres domésticos, con la posibilidad de cambiar la regla cada tanto.

Manual del roommate consentido

Hacer visible las reglas

Anotar en el refrigerador cuáles gavetas o áreas son tuyas, cuáles mías, etc. Si se comparte un solo clóset: de dónde a dónde es para uno y para otro. Ese tipo de señalizaciones sirven para el orden en común.

Definir consecuencias

Es recomendable tocar el tema de las consecuencias que se van a generar si los acuerdos no se cumplen.

Valorar todas las situaciones

Hay que ser por un lado, justos y, por el otro, flexibles: si mi roommate sale muy temprano y ni desayuna ni come en la casa, sería injusto que colaborara con el mismo dinero para las compras del súper. Y si yo desayuno, como y ceno en la casa… hay que hacerlo más justo. Por eso se debe platicar mucho antes de irse a vivir con otra persona.

Dialogar siempre sin enojo

Si surgen discusiones, es bueno darse un tiempo para tranquilizarse: quizás te salgas a dar una vuelta a la manzana, hagas un poco de ejercicio, oigas algo de música, para tratar de minimizar el estado anímico y empezar a definir qué es lo que en realidad le quieres decir a la otra persona. Dile lo que te molesta, pero no a gritos ni en forma de reclamos. Si invitas al otro a tomar algo para hablar, lo más probable es que lo acepte de mejor manera.

Por Eleonora Rodríguez

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