Colocadas en fila india con piernas abiertas, haciendo un túnel que deben recorrer “las de nuevo ingreso”, se forman las jugadoras del equipo de voleibol de la UNAM para celebrar el rito de iniciación de las novatas, quienes recitan el juramento a solicitud de su capitana. Tras hacerlo correctamente deben recorrer dicho corredor “a gatas”, camino en el que recibirán azotes en los glúteos de parte de sus compañeras de equipo.”La jura” no termina para quienes hallan fallado en su discurso, quienes deben volver a formarse cuantas veces sea necesario hasta que se lo sepan “al dedillo”, recuerda Héctor Durán, quien ha sido jugador, arbitro nacional por la UNAM y actual entrenador de este deporte en el colegio Queen Mary School.

Aunque considera que han ido reduciendo su violencia, luego de incidentes que han ocurrido con jóvenes, que pudieron estar en riesgo de perder la vida, tras los ritos de iniciación a que fueron sometidos.Tal fue el caso de Juan Francisco Espinoza Martínez, integrante de la Liga Mayor los Pumas de la UNAM, quien pasó cuatro días en terapia intensiva, con un cuadro de neumonitis producto de la novatada a la que se sometió el 25 de julio de 2015, como parte de la “tradición” universitaria. Por alrededor de 10 horas, el joven de 19 años y el demás equipo que jugaría ese año su primera temporada en “la Mayor” debieron realizar ejercicios extenuantes bajo el rayo del sol y, posteriormente, fueron cubiertos con pintura en aerosol en todo el cuerpo, excepto genitales y plantas de los pies.

Si bien Espinoza, estudiante de la Facultad de Derecho, salió por su propio pie de las instalaciones de Ciudad Universitaria aquel día, tuvo un deterioro en su salud en las siguientes 48 horas en su casa, que su familia debió internarlo de emergencia en un hospital. Entró a quirófano en el hospital Adolfo López Mateos del ISSSTE para que le retiraran con solventes los residuos de pintura que no pudo quitarse del cuerpo, con agua y jabón. Lo que le impidió sudar y sacar el calor del cuerpo tras el demandante ejercicio y que también le desencadenó la neumonitis, al respirar durante tanto tiempo la pintura.

El hecho, generó tal polémica que la propia UNAM a través de la Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas canceló desde entonces los ritos de iniciación “que pusieran en riesgo la salud” de los jugadores, del equipo de Liga Mayor de futbol americano. Aunque no las prohibió del todo.”La Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas de la UNAM ha determinado cancelar cualquier actividad del proceso de iniciación que ponga en riesgo la salud de nuestros jugadores.

A partir de ahora, serán reguladas y supervisadas por equipo médico, que dictaminará las actividades a realizar”, cita el comunicado difundido el 30 de julio de ese año, por la máxima casa de estudios.

Cabe destacar que durante la novatada celebrada a la generación 2015-2016 que se sumaría al equipo, los jugadores veteranos la realizaron sin la supervisión del entrenador en jefe Raúl Rivera, ni de ningún otro miembro del staff, quienes debían verificar que los castigos no fueran excesivos.

Entre los rituales que han sido tradición en la Liga Mayor de CU para los jóvenes universitarios que se suman a un selectivo van desde arrancarle a mordidas la cabeza a una rana, recibir manguerazos de agua fría, dejar que les den chanclazos, latigazos con toallas mojadas o hasta tablazos, al estar desnudos o solo en ropa interior dentro de vestidores, así como una carrera para empujar una moneda o una aceituna con los genitales hasta la meta señalada, llamado “El elefantito”.

“Las novatadas no han desaparecido pero si han perdido intensidad”, señala Durán Ayala, ante la mira que han puesto las autoridades por evitar actos que deriven en una catástrofe.
Yunue Cárdenas Marín, excoordinadora académica del Colegio de Psicología de la Universidad del Claustro de Sor Juana, coincide en que hoy se ven menos estos ritos de iniciación, que son toda una tradición en algunas instituciones desde décadas atrás, pero eso no significa que estas prácticas de un grupo con el objetivo de humillar a alguien para que forme parte de un grupo no existan. “Son acoso”, enfatiza.Advierte que en las sociedades universitarias hoy se normalizan situaciones que se vuelven costumbre, a lo que se suma la violencia que se vive en la sociedad, la cual también hemos ido normalizando.

En la mayoría de los casos, hasta ahora las autoridades universitarias evitan pronunciarse respecto a los actos e iniciación, salvo cuando las cosas se salen de control. Si bien hay en casas de estudios que ya las han prohibido, lo cierto es que son eventos que se resisten a desaparecer y para las que la inacción de las autoridades por erradicarlas les permite seguir a flote, y quizás aprendiendo a sortearlas.

“No se si las universidades están listas para asumir y decir abiertamente en mi universidad pasa, pero creo que lo tienen en sus agendas”, agrega Cárdenas.

A su parecer, esa permisividad de la autoridad hace que las distintas formas de humillación sean hoy más silenciosas, más violentas y más difícil de advertir. En si, más peligrosas. Sin embargo, otro factor que influye es que prácticamente no hay denuncias por novatadas y ello radica en que no se han desarrollado ambientes dentro de las sociedades universitarias para que esas denuncias tengan cabida. Si se les sigue considerando como “simples bromas” o “tradición” los mismos estudiantes no advierten que haya nada que denunciar.

 

Por: Nantzin Saldaña

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